Juana fue una dominica conocida por su vida de pureza y penitencia. Trabajó como costurera, llevando una vida sencilla, pero su intimidad con Dios atraía a muchos que buscaban consejo espiritual. Experimentaba éxtasis durante la oración y vivía con gran devoción a la Eucaristía.
Su comunidad la recordaba como una mujer serena y humilde, cuya sabiduría venía de la contemplación y no de los libros.
Su tumba se convirtió en lugar de peregrinación tras su muerte.